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lunes, 9 de noviembre de 2015

NO SOY DE AQUÍ, NI SOY DE ALLÁ...




NO SOY DE AQUÍ, NI SOY DE ALLÁ… (Facundo Cabral dixit

o el porqué los exiliados no somos de ningún lugar


Como muchos lectores saben, mi origen y nacimiento están en Buenos Aires, Argentina.
COLEGIO NACIONAL DE BUENOS AIRES

Allí estudié en el centenario Colegio Secundario de élite, llamado Colegio Nacional de Buenos Aires, perteneciente a la Universidad de Buenos Aires. En ese mismo Colegio, estudió mi único hermano que tuvo junto con mis padres la ocurrencia de prepararme para dar el temido examen de ingreso cuando sólo contaba con 11 años y estaba terminando la escuela primaria.
El resultado fue exitoso. Ingresé en dicho Colegio (comparable por su programa a los más famosos del mundo, como el de Eaton, los Liceos Franceses y los Liceos Alemanes).

Una vez terminado el Bachillerato, ingresé en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, de donde egresé el 1969.

Hasta ahí todo normal. Al cabo de poco me casé; ya trabajaba en la Profesión, antes de tener el Diploma, de forma tal que terminar la carrera no me significó un cambio grande el Título habilitante.
En los últimos años de carrera, empecé mi tarea como Ayudante Docente, y luego durante muchos años más como Docente Titular en la misma Facultad donde había estudiado dictando las materias de Diseño de los dos últimos años de carrera.
EL EXILIO
La familia creció, tuvimos un varón, luego otro y por último una chica.
En 1989, por motivos políticos (el Presidente que se había elegido, me parecía impresentable) decidí emigrar. Primero yo y luego mi mujer con los niños al año después.
Me instalé en Barcelona, primero codirigiendo una Empresa Constructora y luego de casi 3 años, abriendo mi propio Despacho de Arquitectura. Y así hasta hoy.
Tuve que adaptarme a las características de Catalunya, formas de trabajo, idioma, sistemas en general que eran (y son) totalmente diferentes a Argentina.
BARCELONA

Aquí, y luego de este prólogo empieza el motivo de este post.
Estoy integrado totalmente a la manera de vida y costumbres de Catalunya. Hablo y escribo su idioma. Tuve oportunidades y trabajos que me llenaron de orgullo. Otros no tanto… (Se dice que nunca llueve a gusto de todos…).

Pudimos educar nuestros hijos y todos llegaron a donde pretendían. Trabajan y son muy bien considerados en sus especialidades.
Viajo a Argentina, a Buenos Aires, cada año y medio aproximadamente. Me encuentro con compañeros de esa época. Tanto del Colegio como de la Universidad y me siento muy bien, pero al cabo de un par de semanas, empiezo a extrañar Barcelona.

Y ahí empieza el debate interior. El recordar de dónde provengo y a veces añorar al poco tiempo de estar allí, el deseo de volver a mi lugar de residencia. Y aquí, en Barcelona, muchísimas veces me faltan el calor de los amigos, el marco de referencia, que aunque cambió, luego de un cuarto de siglo… uno desearía encontrarlos, siendo que en cambio, lo que encontramos son los restos de lo que fue.
BUENOS AIRES
Esa esquina; ese bar, ese negocio que ya no está y que recordamos porque íbamos con nuestra madre. 

Nos quedan los olores de la ciudad, los amigos-hermanos con los cuales nos contamos nuestras ya conocidas historias; algún recuerdo de viejos amores; las trazas de caminatas por una ciudad que ya tampoco es lo que era…

 De ahí que la canción de Facundo Cabral, me venga de perlas para cerrar este post. Que no quiere ser melancólico. Pero que a todos los que nos expatriamos por algún motivo u otro, nos termina pasando lo mismo. No somos de aquí, ni somos más ni siquiera de donde nacimos.


 En ese allá (Argentina), quedaron las raíces, que cuando nos fuimos al exilio no se arrancaron y permanecerán en ésas macetas; en esas tierras. Quedaron, aunque invisibles para los demás, en nuestra tierra de nacimiento, donde está el ADN original, pero ya luego de un cuarto de siglo, mezclado con las nuevas costumbres e idiomas que nos tocó aprender.

Por eso que no soy de aquí, ni soy de allá… 

Casi dejamos de tener patria. Añoramos. 

No somos, lamentablemente y en realidad ya, de ningún lugar. 

Es, tal vez, el castigo del exilio.

3 comentarios:

  1. Lo leí y me parece muy bueno! Toca a todos los emigrantes y sobre todo a los argentinos hayan ido o no al glorioso Colegio.No somos ni de aquí ni de allí.No sólo cambiaron los sitios si no también nosotros.Yo personalmente he vuelto solo por cuestiones de enfermedades y muertes.Pero también me permitieron encontrarme con amigos - hermanos .Del colegio claro ,pero también con lo de antes y los de después.Esos que añoro siempre ,pero también añoro el cielo de Madrid y algunos amigos de aquí
    .Un abrazo Marína

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  2. De otra parte, pero no lejos.martes, noviembre 10, 2015 1:22:00 a. m.

    Sin duda, todos los que nos fuimos, sufrimos el mismo "síndrome". El desarraigo o como quieras llamarlo. Podemos estar 30 años en otro lugar y siempre recordaremos con añoranza el sitio donde nacimos. Por algo será. Por algo el refrán que dice "vaca que cambia de querencia, se atrasa en la parición..."

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  3. Es bonito y sentido lo que Vd. cuenta aquí. Creo que es un "mal de altura" que afecta a todos los emigrantes sea cual sea su nacionalidad. Yo conozco bastantes personas con su misma nacionalidad de origen, y créame que se de lo que Vd. habla por ellos.
    Saludos cordiales

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