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martes, 22 de octubre de 2013

LA MUERTE EN LA MUÑECA



EL RELOJ DE LA VIDA




Nunca supo de dónde le vino la idea. Pero la tenía incorporada en su cerebro.

Era como un retintín que se le repetía diariamente. Creía firmemente en ella.


Siempre que consultaba la hora, pensaba lo mismo; que su vida terminaría en el preciso momento que se apagara la de su reloj.


Así que lo cuidaba obsesivamente. Revisión, limpieza periódica, control de exactitud. No se le escapaba detalle.


Mientras tanto, su vida transcurría por los carriles del aburrimiento, del hastío, del repetir rituales que se le había convertido ya en costumbres.


Un día, de camino al trabajo, tuvo un accidente. Fue atropellado mientras distraído cruzaba una calle.


El juez que hizo el levantamiento del cadáver no dudó en determinar la hora del deceso.

Coincidía con la del reloj. 

Habían fallecido juntos.

2 comentarios:

  1. Celebro su síntesis. Debe ser más dificil que escribir una novela, verdad? Es sorprendente su relato porque por ejemplo el personaje no tiene nombre. Eso sólo lo leí en algun cuento de Borges (disculpe la comparación). Saludos desde la Reina del Plata. Ahora con la Reina enferma...

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  2. Me gusta, pero prefiero los finales felices!

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